lunes, 9 de mayo de 2011

¿Hablamos de ambigüedad?



Anoche me acosté dándole vueltas a un tema que me parece atrayente e interesante.
Se trata, o no, de la forma.
(Uf, que miedo me da entrar en materia)
Vencido. Café en mano, dispuesta a afrontar el bombardeo.
En varias ocasiones, y ayer la última de ellas, se lían las conversaciones de forma que cada uno tiene su razón y adoptando su rol, uno de paciente, el otro  de guerrillero,  ahí se queda la cosa.
Acto que por supuesto deja un terrible poso que acaba por cubrir toda la batería como los antiguos moviles Motorola que si nos los cargabas cuando estaban totalmente vacíos iban perdiendo capacidad.
Por este aclarante ejemplo voy a llamar a este síndrome el "síndrome Motorola" (jejejjeej)

Paso a describir sus características más esenciales.

Hay personas que se presentan el primer día y, te guste o no, así son eternamente.

Yo me presento como borde, directa y sin capacidad de crear ni entender el lenguaje subliminal. Sé que cuesta comprenderme pero, llegado a un determinado punto de mi conocimiento, se puede llegar a quererme u odiarme.  Nunca un término medio pues levanto grandes pasiones en los demás. En Infantil sería lo contrario a "un niño gris". Esos que están cuando pasas lista y poco más.

Sin embargo hay persona que en sus discursos son ambiguas, si se puede decir así.

 Ayer, y echando la vista atrás, en muchas ocasiones más, sucedió dos veces y con la misma persona.
En su discurso durante todo el día consiguió que ni su hija ni yo llegásemos a tener claro cuales eran los planes que íbamos a hacer.
Daba versiones distintas, matices distintos que hacían a cada una de nosotras y por separado captar mensajes totalmente contradictorios.
Al intentar aclarar el tema por teléfono omitió en el desarrollo de los actos acontecidos durante todo el día varios detalles que, repletos de importancia, giraban para un lado u otro el conflicto formado.

Mi primera reacción fue agresiva y descolocante. ¿Cómo una persona omite con tanta energía los datos que guían una historia. Es como en Peter Pan no hablar de Campanita.

Salida de  mis casillas no veo más allá de este daño que, por supuesto, vivo, aunque no es, como un ataque personal. Tras mi insistencia brutal ella calma la historia pero en ningún momento reconoce esa omisión. )(Gracias a Dios que están escritos)
Por la noche igual. De nuevo son su hija.

Los planes del día siguiente eran diferentes para ella y para mi. Todos están bien y todos son correctos pero la forma es importantísima.
Me he levantado hoy temprano para hacer el Módulo, para hacerme la cera, para limpiar la casa o para orar. Según que aspecto cuente paso a ser trabajadora, coqueta, repulia o cristiana.

El pistoletazo de salida a mi análisis se lo dió el comentario hecho a la actitud de  una tercera persona ante la imposibilidad de cumplir planes.-" ¿Eso no te molesta?"

Por qué me habría de molestar??? (Ya me molestó bastante cuando intentaba conocerla). Ella es así, transparente. No es ambigua. La otra amiga  igual: "Tía no salgo porque no me apetece hoy verte"
¿Qué es? Ambigüedad, querer aparentar (no es lo mismo montar a caballo que trabajar), no aceptarse, no aceptar, no reconocerse........
Estos giros del lenguaje frecuentemente utilizados me parecen muy curiosos. A mi, claro, a una niña de 12 años le genera una ansiedad tremenda.

Fdo: Antevasin



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